Fallas de la memoria autobiográfica moldean cómo cada persona interpreta su pasado y, en consecuencia, su identidad. Estas distorsiones —omisiones, exageraciones o recuerdos falsos— no son solo errores: suelen cumplir una función adaptativa y defensiva al mantener una narrativa coherente con las creencias y expectativas propias. Comprenderlas permite explicar por qué relatamos hechos de manera distinta a como sucedieron y por qué ciertos recuerdos significativos se olvidan o se reescriben para sostener la imagen que tenemos de nosotros mismos.
La memoria como proceso constructivo en los seres humanos busca crear una narrativa autobiográfica coherente con la visión que se tiene del mundo, de las otras personas y de sí mismo. Aun así, diferentes investigaciones muestran que las personas describen hechos de su propia vida de forma diferente a como en realidad pasaron; narran hechos que ciertamente no ocurrieron y olvidan eventos significativos de sus propias vidas. Siendo así, se considera que la alteración de la realidad y la función de la memoria donde se guardan datos poco precisos debe cumplir una función adaptativa o, como se plantea aquí, una función de defensa o construcción de la identidad basada en las creencias y expectativas de las personas.
En ese sentido, parece útil mostrar si dicho sistema de alteración de los recuerdos autobiográficos en realidad funciona como un proceso adaptativo, si de alguna forma busca mantener la coherencia de la realidad vivida con el concepto de sí mismo y su sistema de creencias, o si, por el contrario, se genera un proceso desadaptativo al no asimilar la realidad en coherencia con los hechos ocurridos y con la percepción de otras personas, pues esto podría generar conflictos sociales y personales.
Así pues, se podría considerar que el conocimiento del funcionamiento de la memoria autobiográfica con relación a las fallas que presenta y el papel que estas cumplen en la identidad de las personas puede aportar al entendimiento de cómo se forma la identidad, el concepto de sí mismo y el sistema de creencias de una persona, además de cómo estas han sido consolidadas a través de la historia personal del sujeto. Adicionalmente, sería posible precisar si la forma en que las personas están almacenando los recuerdos de su propia vida está generando o no un bienestar psicológico en ellas.
Igualmente, es conveniente evaluar cómo funcionan las fallas de la memoria autobiográfica para formar la identidad, es decir, si al analizar dónde se están presentando dichas fallas en la narrativa de la vida de las personas, estas están mediando directamente con el desarrollo personal de los individuos. Por otra parte, el interés investigativo en la construcción de la identidad se debe, como menciona Souroujon (2011), al interés actual en el fenómeno de la identidad y la erosión a la que se ve sometida la conformación de identidades en la modernidad. De igual manera, se estudia la facilidad con la que las personas pueden ser influenciadas por otros para alterar la estructura y contenidos de los recuerdos junto con el comportamiento (Mojardin, 2008).
Memoria y diferentes tipos de almacenamiento
Con respecto a los términos que se abordan en este estudio (Rodríguez, 2022), se entiende que la memoria puede definirse como la facultad de conservar y utilizar nuestra experiencia. Así pues, la memoria es el conjunto de funciones mentales que permiten retener, reconocer y evocar información, y tradicionalmente se divide en dos tipos: de corto plazo y de largo plazo (Marina, 2011).
Memoria de corto plazo
Por una parte, la memoria de corto plazo permite que el humano almacene y codifique información por un breve tiempo. En el modelo de Baddeley y Hitch denominado memoria de trabajo u operativa, la memoria de corto plazo es responsable del almacenamiento temporal; este se compone de dos subsistemas de almacenamiento separados, el bucle fonológico y la agenda visoespacial, pero que interactúan controlados por el ejecutivo central (Rodríguez, 2010).
Memoria de largo plazo
Por otra parte, la memoria de largo plazo se divide en memoria declarativa y procedimental; la memoria declarativa almacena información de carácter esencial para comprender el funcionamiento del mundo y asociar ciertos recuerdos; esta a su vez se divide en memoria semántica, que se relaciona con el almacenamiento sistemático de información, y memoria episódica, que se refiere a sucesos de la biografía del sujeto. Finalmente, está la memoria procedimental, que permite guardar y recuperar información relacionada con habilidades motrices (Bazán et al., 2019).
Memoria autobiográfica
La memoria autobiográfica puede ser considerada un subtipo de memoria episódica, pero las investigaciones más recientes consideran que es más conveniente entender la memoria autobiográfica y la memoria episódica como dos sistemas de memoria diferentes. Ahora bien, es importante aclarar las diferencias entre Memoria Episódica (ME) y Memoria Autobiográfica (MA). “La memoria autobiográfica se diferencia de la memoria episódica (relacionada con eventos y experiencias) en que la información es específica, personal, duradera y significativa para el sí mismo, puesto que llega a conformar la historia de vida personal” (Nájera et al., 2017, p. 2).
Dimensiones de la memoria autobiográfica
Fivush (2011, citado en Agusti, 2017) propone tres diferencias entre la memoria episódica y la autobiográfica.
Primero, la memoria episódica recoge datos específicos de un evento: qué, cómo y cuándo ocurrió. La memoria autobiográfica, en cambio, incorpora al self como experimentador; vincula el evento con la historia personal y la forma particular en que se entiende.
Segundo, la memoria episódica se compone de eventos únicos del pasado. La autobiográfica conecta pasado, presente y futuro para construir la visión de sí mismo. Así, cuando una persona recuerda algo de su infancia en la adultez, ese recuerdo se elabora considerando quién es en el presente.
Tercero, la memoria episódica guía el comportamiento presente y futuro. La autobiográfica añade una función social y emocional: integra pensamientos, emociones y evaluaciones del momento. Por ejemplo, en una reunión familiar, el buen ánimo y el contexto favorecen recordar eventos positivos que refuerzan la coherencia de la situación vivida.
La memoria autobiográfica forma parte de la memoria a largo plazo; es un conjunto de informaciones y de recuerdos propios de uno mismo, construyen la historia personal y ayudan a construir la propia identidad, así como la consecución del desarrollo personal; también es rica en pensamientos, emociones y evaluaciones personales sobre lo que sucedió; se considera la memoria del yo en relación con el mundo y otras personas. Igualmente, da cuenta sobre las emociones, evaluación, intenciones y motivaciones humanas; además, incluye eventos específicos junto con detalles sensoperceptivos (Agusti, 2017; Meléndez et al., 2020).
Funciones de la memoria autobiográfica
En relación con las funciones de la memoria autobiográfica, los modelos teóricos actuales estipulan tres categorías generales; por ejemplo, Bluck (2003) y Bluck & Alea (2002) (citados en Agusti, 2017) identificaron funciones sociales, propias y directivas:
● Las funciones sociales facilitan las interacciones interpersonales a través del intercambio de memorias.
● Las funciones propias promueven la identidad personal y apoyan un sentido de coherencia o continuidad en el tiempo.
● Las funciones directivas implican el uso de memorias para tomar decisiones en el presente y para orientar comportamientos futuros (Agusti, 2017).
Fallas en la memoria
Teniendo claros estos conceptos, se puede abordar de manera más clara el problema de las fallas en la memoria, precisando que no se trata en este artículo de las fallas como consecuencia de problemas cognitivos o deterioros neuronales provocados por diversas circunstancias. En este contexto, de lo que se trata es de buscar cómo las personas presentan fallas en la memoria o crean recuerdos falsos a partir de recuerdos elaborados, que no sucedieron o sucedieron de forma diferente.
Siendo así, para el presente estudio se entenderán como fallas en la memoria las siguientes categorías: En primer lugar, las establecidas por Daniel Schacter, conocidas como los 7 pecados de la memoria: transcurso, distractibilidad, bloqueo, atribución errónea, sugestionabilidad, propensión y persistencia. Adicionalmente, estarán incluidas las memorias falsas y el olvido inducido.
Pecados de la memoria
Así pues, en primer lugar, según la clasificación de los siete pecados de la memoria de Daniel Schacter, se consideran como fallas, errores o distorsiones de la memoria los siguientes:
● Transcurso: Pecado de omisión. Debilitamiento de la memoria con el paso del tiempo.
● Distractibilidad: Pecado de omisión. Un fallo entre la atención y la memoria se da por cuestiones que despistan y no permiten poner atención a lo que se necesita recordar.
● Bloqueo: Pecado de omisión. Frustrada búsqueda de información. Este fallo se da de forma bastante común cuando nos es difícil recordar la información.
● Atribución errónea: Pecado de comisión. Atribuir un recuerdo a una fuente equivocada, confundir realidad con fantasía. Estos errores también se pueden dar por la confusión de la memoria entre hechos que realmente ocurrieron o unos que solo se imaginaron o pensaron.
● Sugestionabilidad: Pecado de comisión. Tendencia del individuo a incorporar información engañosa procedente de fuentes externas como otras personas, imágenes, videos, medios de comunicación, etc.
● Propensión: Pecado de comisión. Elaboramos una nueva versión de los recuerdos de forma que encajen con las opiniones y necesidades del momento; siendo así, los conocimientos, sensaciones e ideas actuales influyen distorsionando los recuerdos. Existen cuatro tipos de propensiones: la de conformidad y cambio, que reconstruyen el pasado con base en las teorías sobre nosotros mismos; estas ayudan a disminuir la disonancia cognitiva. La de percepción retrospectiva se refiere a cómo el conocimiento actual influye en los recuerdos; siendo así, las personas rehacen el pasado para que concuerde con lo que se sabe en el presente. La propensión egocéntrica muestra el papel del yo en la memoria, enalteciendo así la imagen que las personas quieren tener de sí mismas. La propensión estereotípica muestra cómo los recuerdos moldean la interpretación aún de forma inconsciente, encajando la vivencia dentro de los estereotipos que se tienen.
● Persistencia: Pecado de comisión. La memoria está ligada a la emoción; se cree que el recuerdo de las emociones desagradables se difumina más rápido que el de las agradables. Igualmente, se cree que los recuerdos de experiencias desagradables implican la creación de hechos hipotéticos de lo que podría o debería haber sido; estos recuerdos persistentes pueden llevar a la aparición de fobias, estrés postraumático e inclusive suicidio (Schacter, 2003).
El olvido y las memorias falsas
En cuanto al olvido inducido por recuperación en recuerdos autobiográficos compartidos, se estipula que se da de forma compartida, es decir que, al recordar eventos mutuamente experimentados, las interacciones sociales pueden inducir el olvido de forma similar en dos personas. Este proceso se podría entender como un proceso adaptativo que facilita la cohesión social e impulsa la formación de identidades colectivas; en el caso del olvido inducido, los miembros de una misma comunidad pueden olvidar o recordar los mismos eventos (Stone et al., 2013).
Con respecto a las memorias falsas, estas no se consideran como consecuencia de algún trastorno neurológico o trauma; estas operaciones mentales, aunque son procesos normales, dan como resultado experiencias mnémicas imprecisas. Esto deja ver la importancia que pueden tener estas fallas en la memoria en relación con la narrativa autobiográfica de las personas, pues al recordar un evento falso con la certeza de creerlo cierto, el sujeto va a modificar sus experiencias previas con el propósito de hacer coherente dicho recuerdo y que este recuerdo se adapte a sus expectativas, su sistema de creencias y las circunstancias actuales que está viviendo. Todo esto puede traer como resultado la formación de recuerdos distorsionados que al final conllevan una narrativa de historia de vida distorsionada (Fernández et al., 2018).
Siendo así, se considera que las memorias falsas son:
Recuerdos creados de algo que no se ha vivido o la modificación de recuerdos reales en los que se incluyen aspectos de otros recuerdos, como aspectos de tiempo, lugar, compañía, etc., que producen consecuencias reales en quien las experimenta. Estos “recuerdos” se producen sobre eventos relevantes para la persona, aunque se tratare de eventos poco plausibles o probables. (Selaya-Berodia et al., 2018, p. 5)
Actualmente, se reconoce que el proceso de la memoria humana presenta diversos errores y distorsiones, incluyendo la memoria autobiográfica; aunque aún no existe un consenso sobre cómo se reproducen, se cree que involucran procesos evaluativos de alto nivel. Además, es importante tener en cuenta que al evocar eventos autobiográficos se da un proceso de retranscripción, recategorización de la información que se encuentra almacenada e inclusive de invención de esta. Siendo así, se cree que las personas, al recordar eventos de su vida, construyen dichos eventos con referencia al momento actual, es decir, teniendo como base aspectos como humor, motivación, ánimo y circunstancias actuales. Luego de esto, el recuerdo se realmacena e incorpora en la base de datos de dicho evento (Fernández et al., 2018).
Teorías explicativas de las fallas
Existen teorías que tratan de explicar cómo se crean fallas; una de ellas es la teoría del trazo difuso. En ella se asume que siempre que ocurre un evento, están siendo codificados dos tipos de rastros de memoria; por una parte, está el rastro textual, el cual captura las características específicas de los estímulos registrando los detalles y, por otro lado, se encuentra el rastro esencial que extrae el significado de los eventos, es decir, la información semántica de forma general, pero ignorando los detalles perceptivos. Es el rastro esencial el que se identifica como el principal responsable de memorias falsas, pues los recuerdos textuales y esenciales se almacenan por separado y se activan en paralelo; luego de un tiempo, durante la evocación de recuerdos, la representación almacenada en la memoria literal generalmente se pierde, mientras que la información de la esencial permanece accesible y se interpreta de forma más libre (Carneiro & Albuquerque, 2012).
Identidad, personalidad y memoria
La identidad corresponde a quién es y cómo se ve una persona como diferente al resto. Es un dilema entre la singularidad de uno mismo y la similitud con los congéneres (Fernández, 2012). La identidad también se concibe como sentimiento de mismidad y continuidad respecto a sí mismo; por lo tanto, es la percepción que tiene el individuo frente a quién es, lo cual supone un ejercicio de reflexión, donde se reconocen sus capacidades y potencialidades, teniendo conciencia de lo que se es como persona (Maldonado & Hernández, 2010).
El contexto social tiene un papel relevante en la construcción de la identidad, ya que este es el que determina la posición de los grupos y la representación que los sujetos tienen de estos. Siendo así, se considera que las personas tienen aspiraciones, metas y la necesidad de participar de forma relevante en los grupos; no obstante, es el contexto social el que influye en los sujetos para que decidan a qué grupo les conviene pertenecer. Por eso, la identidad se considera la representación que tienen los individuos o grupos de su posición distintiva en el espacio social y de su relación con otros agentes que ocupan una posición en su contexto, sumado al valor positivo o negativo de pertenecer a un grupo (Maldonado & Hernández, 2010).
Según el enfoque de personalidad y estructura social, la identidad se entiende en tres niveles.
El primero es el de la personalidad. Involucra el funcionamiento intrapsíquico y la singularidad que surge del desarrollo individual. La relación entre el individuo y la realidad configura la identidad del yo.
El segundo nivel es el de las interacciones. Considera los patrones de comportamiento que dan forma a los encuentros cotidianos en distintos entornos. Este nivel media entre la individualidad y la influencia de la colectividad, donde se desarrolla la identidad personal.
Por último, está el nivel socioestructural. Se refiere a los sistemas social y político que sostienen la estructura normativa de la sociedad. Aquí se analizan los rasgos normativos y la posición particular del sujeto en la estructura social, lo que origina la identidad social (Vera & Valenzuela, 2012).
Relación identidad–memoria autobiográfica
Por lo que se refiere a cómo se relacionan la identidad y la memoria se establece que la memoria es uno de los elementos constitutivos de la identidad, pues a través de la rememoración del pasado el sujeto sabe quién es; además, al recordar, negar o cambiar los eventos ya vividos las personas se reconocen a sí mismas y aceptan o eluden la responsabilidad de quienes son y de su propia realidad, por ende, alguien que viva solo en el presente o en la proyección del futuro no sabría quién es, debido a esto, la negación o disociación del propio pasado son maneras de eludir la responsabilidad, de construir una falsa inocencia y, por lo tanto, hace que las personas no puedan hacerse cargo de su propia realidad (De Zan, 2008).
Como establece Joël Candau (2001, citado en Souroujon, 2011), “Aunque la memoria es generadora de identidad, y ontogenéticamente anterior a esta, la identidad se erige como marco de selección y significación de la memoria, por lo que resulta fútil entenderlas como una relación de causa y efecto” (p. 234). Además, se considera que existe una relación simbiótica entre el self y la memoria autobiográfica, pues las memorias autobiográficas son parte del self y a su vez este guía y sesga la reconstrucción cognitiva; la forma en que las memorias son distorsionadas se puede ver como una función de la personalidad, de la historia de vida acumulada, de la satisfacción en su vida actual o de sus circunstancias de vida (Serrano, 2002).
Siendo así, la memoria autobiográfica y el yo se construyen mutuamente a través de la narrativa, por medio de la cual se organiza la experiencia. Este yo narrativo toma elementos que se apoyan en significados cultural e históricamente específicos; además, esta narrativa busca organizarse de forma coherente. Por ello, al analizar los recuerdos de personas con diferentes culturas, se involucran aspectos culturales como el individualismo o colectivismo social; además, se presentan diferencias en la emocionalidad, especificidad y género, de acuerdo con la cultura a la que pertenecen (De la Mata et al., 2011).
Siguiendo la estructuración de la teoría fundamentada (Hernández-Sampieri et al., 2014), esta exploración busca representar una teoría emergente. Su objetivo es explicar el proceso que respaldará la hipótesis derivada de Rodríguez (2022).
El modelo ubica las fallas en la memoria como categoría central. Estas forman parte del sistema de memoria y se relacionan con la identidad como categoría causal.
A su alrededor se organizan subcategorías como la personalidad, la interacción, la estructura social, la visión de sí mismos y las creencias.
El funcionamiento de esta relación incide en la categoría de consecuencia: el bienestar psicológico. Afecta la manera en que las personas mantienen o disminuyen los conflictos, se vinculan con otros y interpretan la realidad.
Asimismo, se postula que las funciones de la memoria están ligadas a la interacción entre identidad y fallas en la memoria. Se clasifican como categorías contextuales y su operación puede verse afectada, en forma negativa o positiva, por dicha relación.
Figura 1
Esquema teoría fundamentada identidad y fallas en la memoria autobiográfica

Conclusiones sobre las fallas en la memoria autobiográfica y su impacto en la identidad
Como resultado de lo visto en las anteriores editoriales, se puede plantear la hipótesis de que las fallas en la memoria autobiográfica cumplen una función cíclica en la construcción de la identidad; es decir, según lo encontrado en el estudio de Rodríguez (2022), las fallas se producen por rasgos propios de la identidad previa, lo que, de acuerdo con las características de esa identidad ya establecida, puede generar o crear fallas en la memoria. En consecuencia, estas fallas pueden alimentar y dar forma a una identidad cada vez más estructurada, lo que marca una tendencia a que las fallas en la memoria se incrementen en la medida en que dichas fallas se consolidan en la identidad de las personas. Concretamente, se infiere que los factores de la identidad, como la personalidad y la percepción de sí mismos, son los que dan paso a ciertas fallas en la memoria y estas a su vez retroalimentan dicha identidad.
También se encuentra que los factores negativos de la identidad son los que generan fallas en la memoria; por lo tanto, una persona con una personalidad con menos rasgos patológicos, mayor introspección y mejores habilidades de afrontamiento tendrá menor tendencia a presentar fallas en la memoria y, por lo tanto, habrá menos posibilidades de enfrentar conflictos asociados a la elaboración errónea de recuerdos. Como resultado, sería posible establecer que, si una persona trabaja en los aspectos patológicos de su identidad, generará menos fallas en la memoria, lo que finalmente se traducirá en un mayor bienestar psicológico y mejor resolución de conflictos interpersonales.
Además, se puede afirmar que las fallas en la memoria autobiográfica, aunque están marcadas por factores personales que tienen como propósito adaptarse a su sistema de creencias o la visión que tienen de sí mismo (Fernández et al., 2018), no cumplen una función adaptativa, pues están generando problemas emocionales e intrapersonales que afectan de forma significativa la vida y el bienestar psicológico de las personas; no se asimila la realidad en coherencia con los hechos ocurridos y con la percepción de otras personas, lo cual genera, mantiene y complica los conflictos al hacerlos más duraderos y perdurables en el tiempo.
Igualmente, se cree que la memoria tiene un rol adaptativo, pues a partir de ella y los recuerdos que genera, se puede planificar el futuro, resolver problemas en el presente y aprender (Nájera et al., 2017). Sin embargo, al crear falsos recuerdos, la resolución de problemas y el aprendizaje en sí mismo se verán distorsionados.
En diversas ocasiones, estas fallas son evidencia de cómo las personas no entienden sus conflictos personales de una forma apropiada; por el contrario, tienen una visión distorsionada, negativa y más problemática de lo que en realidad sucede. Igualmente, se evidencian conflictos en sus relaciones, pues la imagen que las personas tienen de sí mismas no es coherente con la forma en que otros las ven. Finalmente, se evidencia que los hechos negativos, así como la visión negativa de las personas, crean fallas en la memoria, evidenciando una pobre introspección y una falta de estrategias de afrontamiento ante los conflictos.
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