Hibristofilia: causas detrás de la admiración
Recientemente, se evidencia un fenómeno de popularidad hacia las series y películas en donde los personajes han sido los autores de diferentes crímenes y, a pesar de ello, socialmente están siendo aceptados hasta el punto de generar admiración, destacando sus habilidades, atractivo y sagacidad. Este apartado se enfocará en identificar la causa principal de por qué algunas mujeres se sienten atraídas hacia hombres criminales y cómo esta problemática no ha sido tenida en cuenta en otras investigaciones.
Pitiklinov (2017) hace una revisión del libro “Women Who Love Men Who Kill” (Mujeres que aman a hombres que matan) escrito por Sheila Isenberg en el año 1991, donde expone cómo las mujeres se enamoran, sienten una atracción sexual o incluso pueden llegar a casarse con asesinos después de ser condenados; son ellas quienes los contactan y los visitan en prisión hasta que se establece un romance.
El tipo de mujeres que se describen en el libro son de diferentes profesiones, que pueden incluir: enfermeras, testigos de jurados, abogadas, asistentes sociales, entre otras; a pesar las diferencias en cuanto a sus profesiones, se encontraron rasgos comunes como: el ser criadas en hogares disfuncionales, estar en un estrato socioeconómico bajo; tener padres ausentes o agresivos, maltratadores y con problemas de alcohol; madres sumisas y depresivas con creencias generalmente religiosas en la doctrina católica, donde se reprime la educación en sexualidad. Estas mujeres tienden a casarse y tener hijos a una edad muy temprana, sus primeras parejas generalmente las maltratan física y psicológicamente y tienen un bajo concepto de sí mismas; existe la hipótesis de que, gracias a estos rasgos, se vinculan a hombres criminales en vista de que representan una figura de poder al ser “señores de la muerte” porque arrebatan la vida de otros; toman este tipo de relaciones con sensibilidad, glamour y romance, percibiendo que son dignos de recibir su amor. “Decir que le amo no es suficiente. La palabra amor no lo abarca… ni siquiera araña la superficie. Yo le adoro. Le amo y le adoro” (Pitiklinov, 2017, párr. 1).
Parafilias: marco clínico de la hibristofilia
Como base de la temática, se tendrá en cuenta material de tipo académico y no académico, con el fin de obtener diferentes puntos de vista y así determinar el porqué de dicha atracción.
Es importante entender cómo se establecen estas relaciones de tipo pasional y sexual; un concepto de gran importancia en este análisis es el de parafilia, término acuñado por el sexólogo y etnógrafo croata Friedrich Salomón Krauss en el año 1904 para describir distintos tipos de comportamientos sexuales que no tienen como finalidad la procreación. Después fue difundida por el psicoanalista alemán Wilhelm Stekel en 1908 (Balon, 2016). La palabra parafilia está conformada por elementos griegos: el prefijo para-, que puede interpretarse como algo anormal, no bien visto, incorrecto, y el elemento -filia, que significa inclinación excesiva o exagerada; es decir, “es una atracción sexual enfermiza o incontrolable” (Etimologías de Chile, 2001-2019, párr.3).
De acuerdo con Pfäfflin (2015), en los años 1900, las conductas sexuales patológicas se conocían con el término de «perversión», posteriormente, se usaría «desviación sexual» que aparece en el DSM-I en 1952 y DSM-II en 1968, pero este fue reemplazado finalmente por el término parafilia en el DSM-III en 1980.
La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) publica el Manual de Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales DSM-IV-TR y determina las parafilias como concurrentes e intensas fantasías e impulsos sexuales, los cuales ocurren durante un período de al menos 6 meses y generalmente involucran objetos no humanos; se enfoca en el sufrimiento o la humillación de sí mismo, pareja, niños u otras personas sin consentimiento (APA, 2002); entre estos trastornos se puede incluir el exhibicionismo, fetichismo, froteurismo, pedofilia, sadismo, masoquismo, fetichismo transvestista, voyeurismo y parafilias no especificadas. Para Muse y Frigola (2003), muchas de estas parafilias se manifiestan en la pubertad, las hormonas masculinas se encuentran relacionadas y, adicionalmente, es una edad donde el joven determina la dirección del interés sexual gracias al aprendizaje adquirido.
Hibristofilia: definición y tipo
Existe un tipo de parafilia que explica el fenómeno de este estudio, la hibristofilia; según Torres (2015a) esta se caracteriza por ser un síndrome que afecta principalmente a mujeres heterosexuales que obtienen placer sexual al tener una pareja íntima que comete delitos horrendos como la violación o el asesinato. Este término fue acuñado por el psicólogo y sexólogo Money (1986).
También se conoce a la hibristofilia como el síndrome de Bonnie y Clyde, en referencia a Bonnie Parker y Clyde Barrow, la famosa pareja de ladrones y criminales estadounidenses de los años treinta, que inspiraron diferentes películas y series. Según la BBC Mundo (2017), Bonnie no dejó de escribirle cartas de amor a Clyde mientras estuvo recluido en la prisión de Eastham State Farm, en Texas, Estados Unidos.
De acuerdo a Torres (2015b), la hibristofilia puede presentarse de dos formas: la primera es la hibristofilia pasiva, atracción o admiración; esta atracción es de tipo sexual y puede desembocar incluso en el enamoramiento romántico; y la segunda, hibristofilia activa, atracción y excitación por lo que hace, es decir, cometer delitos o asesinatos, al punto que se puede participar de los crímenes. Tomando lo anterior, se encuentra que estas parafilias cumplen con los criterios de una psicopatología debido a que causan malestar, deterioro o ponen en serio peligro la vida de las personas (Campo-Arias & Herazo, 2018).
Enclitofilia (Bonnie y Clyde) vs. hibristofilia
El término de origen griego «hybristophilie» ha reemplazado al término «enclitophilie”, para designar a este comportamiento amoroso inadecuado (Bénézech, 2016). La palabra enclitofília proviene del griego “kleitos” esto es amor a la fama y a las personas famosas (Alice Fundación, 2018); el término fue acuñado por el criminalista francés Edmond Locard en 1939 en el volumen VII de su “traité de criminalistique” y describe que la enclitofília es la atracción de tipo sentimental, pero también sexual, por los criminales famosos, aunque puede aplicarse a las bandas musicales, los artistas, etc.; sin embargo, este término no se encuentra en ninguna otra parte de la literatura y, por lo tanto, no tiene amplio uso (Bensimon, 2016).
Este sentimiento poco convencional e incomprensible para el resto del mundo se estudia y analiza desde hace algunos años por diferentes especialistas; puede llegar a entenderse como un extremo del fanatismo, pero no existe una patología para encuadrar esta conducta (García, 2017).
Regularmente, se identifica a miles de mujeres que padecen una verdadera histeria colectiva, que conducen y crean sus groupies y otros clubes de fans dirigidos a los asesinos (Bensimon, 2016). Según De la Fuente (2015), citando a Jack Levin, experto en asesinos en serie, considera que este fanatismo se debe en gran medida a la sociedad, ya que el hecho de que algunos asesinos produzcan en algunas mujeres las mismas emociones que un actor o un cantante no es coincidencia; concluye advirtiendo que se enamoran de estos criminales porque son famosos y esto hace que sean extremadamente irresistibles.
Mujeres que sienten atracción hacia hombres criminales
Contexto mediático: series, Netflix y atracción por criminales
Debido a la popularidad de este escenario, Masanet y Fedele (2019) llevaron a cabo un estudio sobre la recepción de medios. Estos tenían como objetivo conocer cuáles eran los modelos aspiracionales de atracción e identificación de las series televisivas en Barcelona y cómo los adolescentes interactúan con ello, determinar a su vez qué visión de realidad tienen y si influyen o no los medios de comunicación como fuente de socialización, presentando valores, normas y expectativas.
Los resultados obtenidos dan cuenta de la necesidad de ofrecer pluralidad en las características de los personajes, ya que los adolescentes mostraban gran interés en aquellos personajes masculinos “rebeldes y malotes” y que en relación a la sexualidad son socialmente aceptados por su promiscuidad, creando así una esfera de una masculinidad necesariamente rebelde y viril; por otro lado, los personajes femeninos eran escogidos por ser “buenas personas” normalmente con posiciones o actitudes de debilidad y sumisión, generando en las mujeres la concepción de ser sensibles y responsables; estos modelos suelen ser adoptados por los adolescentes al momento de construir su identidad.
Uno de los medios más influyentes en la actualidad es Netflix, una empresa estadounidense de entretenimiento que funciona por medio de una plataforma de internet con contenidos multimedia de series y películas. Según investigación realizada por Diez (2019) para BBC Mundo, explica que se aprovechó el aniversario de la muerte de un famoso asesino serial de los años 70 para lanzar la serie-documental “Conversations with a Killer: The Ted Bundy Tapes» («Conversaciones con un asesino: las cintas de Ted Bundy»).
La respuesta positiva por parte del público con respecto a la serie fue lo que impulsó a la plataforma a adquirir los derechos de la película “Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile” (“Extremadamente cruel, malvado y perverso”) dirigido por el documentalista Joe Berlinger, y que se estrenó en el mes de mayo de 2019; la historia se basa en el relato de Liz Kloepfer, quien fue pareja de Ted Bundy durante varios años y que a pesar de las pruebas que lo hacían sospechoso de las muertes, ella se negó a creer la verdad durante años.
Según Jiménez (2010), el villano tiende a ser uno de los personajes menos queridos por los espectadores, debido a que entorpece con sus malos actos el desarrollo de la temática; muchos se ven perjudicados a causa de sus intereses personales de poder y control, al tener poca o nula empatía hacia otras personas. No obstante, este tipo de personajes tienden a generar una cierta atracción debido a que transgreden las normas morales y sociales sin temor a nada, algo que en la cotidianidad no se permite.
El consumo de cine y otras fuentes de entretenimiento abre la posibilidad de disfrutar de forma secreta la inclinación por el mal, permite liberar emociones que de forma legal no se podría, vivenciar momentos que no son reales, pero que sí generan un grado de satisfacción “Cumple una función catártica, ya que el espectador proyecta en él las fantasías inmorales o ilegales que las normas, la cultura y la vida en sociedad impiden desarrollar” (Jiménez, 2010, p. 300).
Origen de la atracción: afiliación, narcisismo y “chico malo”
Entender este tipo de atracción requiere inicialmente identificar que en las relaciones íntimas existe el fenómeno de afiliación; Ubillos et al. (2003) lo definen como una característica humana en la cual se busca la compañía de otra persona para interactuar, establecer relaciones, expresar sentimientos y obtener placer; es por eso que la afiliación se convierte en la base de la atracción personal y el amor. La atracción interpersonal corresponde al juicio que hace una persona hacia otra entre el amor y el odio, a partir de conductas, sentimientos y cogniciones; determinando gustos en común, metas, experiencias agradables y beneficios.
Desde la psicología social se ha determinado que la atracción aumenta conforme se amplía la semejanza; es decir, en cuanto comparten más las mismas actitudes, es mayor la probabilidad de identificarse con el otro y de esta manera aumentar el afecto positivo debido a que es un reforzante. Otro aspecto corresponde al tipo de personalidad, el cual varía en cada una de las personas y según su estructura, buscará complementarse con otro tipo de personalidad, ya sea semejante o diferente. En el establecimiento de relaciones en las cuales se genera atracción, se da paso hacia el amor, que puede ser de tipo pasional, lúdico, amistoso, obsesivo, pragmático o altruista.
La revista Semana (2016) reseña un estudio sobre por qué algunas mujeres se sienten atraídas por hombres catalogados como “malos”. La investigación fue realizada por la Universidad de Liverpool junto con universidades de Polonia y Finlandia, y publicada en la revista académica Journal of Evolution and Human Behaviour.
Los autores señalan que esta atracción no se debe al gusto por el peligro, la adrenalina o las emociones fuertes. Más bien, responde a que estos hombres suelen ser físicamente atractivos, muestran una personalidad dominante y son seguros de sí mismos. Con frecuencia presentan rasgos narcisistas asociados al éxito social, el crecimiento laboral y una buena salud.
Este tipo de amor puede ser pragmático, porque cumple requisitos que la mujer plantea para su prototipo de pareja y le ofrece seguridad respecto a su proyecto de vida.
No obstante, existen otras explicaciones, como el amor pasional o sexual. Este se caracteriza por sentimientos intensos, en los que la atracción física y el deseo de actividad sexual resultan difíciles de controlar, generando dependencia y aceptación incondicional.
Hibristofilia y dependencia emocional: claves clínicas
En el recorrido realizado en el marco de este ensayo, se encuentran diferentes autores que dan muestra de conceptos y posibles orígenes del comportamiento de las mujeres con respecto a la relación que entablan con este tipo de hombres; es así como podemos deducir que la atracción de las mujeres hacia personas egoístas, maltratadoras, de comportamiento autoritario y hasta criminal se puede definir como dependencia emocional.
En las últimas décadas ha cobrado fuerza el interés por la salud emocional de las personas con dependencia emocional, ya que esta afecta psicológicamente y desequilibra los estados de ánimo y el comportamiento, creando la necesidad de alimentar un vínculo para sentirse bien consigo misma. Moral y Sirvent (2009) mencionan que la dependencia emocional es un tipo de trastorno donde la persona presenta un comportamiento desadaptativo y en el cual los roles establecidos en la relación de pareja muestran una asimetría en lo que concierne a las decisiones que se deben tomar.
Peele (citado por Moral & Sirvent, 2009) define la dependencia emocional como las demandas afectivas que no han sido suplidas y, por las cuales, la persona dependiente en su búsqueda termina envuelta en una relación de apego patológico en el que se le brinda prioridad a la naturaleza adictiva del comportamiento, involucrando la inmadurez afectiva de los individuos. Kunce y Shaver (citados por Gómez-Zapiain, et al., 2012) indican que en las relaciones de pareja se evidencia la dependencia, cuando el cuidador suple las necesidades de la otra persona que se muestra en un estado de vulnerabilidad y debe ser atendida para generar satisfacción emocional.
Castello (citado por Aiquipa, 2015) indica que la persona dependiente tiene comportamientos de sumisión y miedo a que la relación termine; además, prioriza a la pareja antes que a sí misma. Este tipo de comportamiento denota una particularidad y una diferenciación evidente con respecto a lo que debería ser una relación en la que ambos participen de manera equitativa en las decisiones de pareja. La mujer dependiente muchas veces se ve envuelta en este tipo de relaciones porque piensa que su pareja puede cambiar; es por eso que justifica el comportamiento del hombre hacia ella, sin identificar que se encuentra en riesgo.
Según Hirigoyen (citado por Aiquipa, 2015), la pareja manipuladora domina de manera violenta a la otra persona, creando una adicción y la imposibilidad de estar alejada de la misma.
Deza (citado por Aiquipa, 2015) refiere que otra de las causas por las que la mujer permanece en este tipo de relaciones agresivas y dañinas, en la cual se debe adaptar al otro y ser permisiva ante cualquier tipo de petición e inclusive justificar y perdonar cualquier tipo de vejámenes, es por “el amor romántico”, el cual siempre está dispuesto para conseguir el bienestar del otro, idealizándolo y negando cualquier tipo de defecto, sacrificando sus ideas, deseos y hasta sus responsabilidades, todo esto por amor al otro, a lo cual se suma un componente de baja autoestima y poca valoración de la persona en sí.
Los individuos con personalidad dependiente anteponen el bienestar del otro sobre el suyo propio, básicamente viven su vida a través de los demás, sea cual sea el costo siempre están ayudando y dando, por ende, tienden a tomar un papel más pasivo dentro de las relaciones, ya que por lo general ceden ante los deseos y las opiniones de aquellas personas que aman para sentir satisfacción personal, el objetivo de dichos comportamientos en las personas dependientes es evitar un abandono por parte de sus parejas (Millon, 2006).
En la cultura también se pueden apreciar características propias de la personalidad dependiente, como alegrarse cuando los seres amados están felices, hacer sacrificios por el otro o el altruismo. Las personas dependientes se sienten indefensas y necesitan que alguien se ocupe de ellas, ya que temen hacer cualquier cosa por sí solas; inclusive en la toma de decisiones se ven afectadas, ya que no son capaces de hacerlo sin tener que buscar un consejo, aun ante decisiones banales. Los dependientes tienden a moldear su identidad con la de otras personas, lo que se torna un problema, ya que la idea de separación les provoca una ansiedad intensa, al considerar que es la pérdida de sí mismos (Millon, 2006).
Según Millon (2006), la sobreprotección parental es un factor que influye en el desarrollo de la personalidad dependiente por la excesiva preocupación y desaprobación de la autonomía de los hijos. Coartar la independencia no deja lugar a la curiosidad que puedan tener los hijos; es decir, se encuentran tan consentidos que no tienen la necesidad de desarrollar las competencias adecuadas para salir de su contexto seguro, deteniendo la madurez psicológica y alargando las etapas formales de manera interminable.
Síndrome de Estocolmo: atracción y control del captor
Una de las posibles razones por las que una mujer se sienta atraída hacia un hombre delincuente, en este caso un secuestrador, se puede denominar como Síndrome de Estocolmo (SE); a pesar de no estar catalogado por la Organización Mundial de Salud (OMS) ni la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) como una patología, el concepto ha tomado suficiente fuerza gracias a ejemplos literarios y cinematográficos a nivel mundial. Se define como “un trastorno emocional que se caracteriza por la justificación moral y el sentimiento de gratitud de un sujeto hacia otro, de quien forzosa o patológicamente dependen sus posibilidades reales o imaginarias de supervivencia” (Bilbija, 2018, p. 461).
El término Síndrome de Estocolmo es acuñado socialmente en 1973 ante la situación presentada en el robo de un banco en Suecia, en donde una de las rehenes se resistió al rescate defendiendo a su captor y, posteriormente, lo convirtió en su prometido. En esta identificación psicopatológica, la víctima del secuestro desarrolla una dependencia afectiva hacia el secuestrador, aceptando sus creencias, justificando moralmente sus actos, sometiéndose a su voluntad y desarrollando gratitud hacia él (Bilbija, 2018).
La empatía que se genera hacia el secuestrador desencadena que la víctima de sexo femenino acepte las condiciones impuestas por el captor, haciéndose cómplice de él y dejando de lado sus valores; este tipo de relación es asimétrica y refleja el poder del sistema patriarcal, en donde la postura de la mujer es dejada de lado para que sean las creencias del hombre las que tengan validez, sin tener en cuenta las consecuencias.
Después de la liberación, se pueden dar dos posiciones: la primera, que la mujer no logre identificar con conciencia lo sucedido y continúe aceptando los hechos como correctos; y segundo, que haya usado la empatía como mecanismo de supervivencia para protegerse, al estar consciente todo el tiempo de lo que hacía (Bilbija, 2018).
Violencia de pareja y riesgo en mujeres con hibristofilia
Durante las últimas décadas han aumentado notoriamente las investigaciones con respecto a la violencia hacia la mujer; son víctimas de maltrato físico, psicológico o sexual ejercido especialmente por sus parejas. A pesar de las grandes consecuencias de estos actos, son las mismas mujeres quienes evitan denunciar y levantar procesos legales hacia sus parejas por temor a dañar la relación, lo cual las deja en una situación de riesgo (Torres et al., 2013).
Las diferencias culturales en gran parte condicionan las maneras de ser y las valoraciones que las personas dan a cada situación de la vida; la mujer posmoderna tiende a mostrarse más independiente, con la libertad de gobernarse a sí misma; sin embargo, es una libertad que se construye a partir de normas y de roles sexuales que permanecen enmarcados ante la sociedad.
A pesar de la feminización, las carreras profesionales, el empleo, la economía y el poder político tienen mayor participación masculina; todo ello genera una jerarquización cultural de superioridad física y psicológica del varón con respecto a la mujer, dejándola en un lugar subordinado para servir a las necesidades domésticas y sexuales demandadas por la misma sociedad (Daros, 2014).
Identificar por qué los hombres tienen comportamientos violentos hacia las mujeres, puede ser explicado desde la genética, por medio de la herencia de conductas o por factores ambientales como el abuso físico en la infancia, abandono, comportamiento variable en los padres, inconsistencia en la disciplina, experiencias de enfrentamientos sin preocuparles la seguridad, entre otros; estos factores se pueden convertir en desencadenantes para que un trastorno disocial evolucione a un Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP).
Estas personas no tienen en cuenta los deseos, derechos o sentimientos de los demás; se les facilita engañar y manipular para conseguir provecho, obtener dinero, poder o sexo. En cuanto a los comportamientos del perfil violento presentes en los psicópatas, se encuentra la impulsividad, molestia frente a los límites, maltrato a mujeres, no afrontamiento de responsabilidades, comportamiento posesivo, cambios repentinos de humor, consumo en exceso de alcohol, problemas de autoestima y convicción de la inferioridad de la mujer frente al hombre. Los actos y las conductas violentas contra las mujeres se deben visibilizar como una expresión misógina que atenta contra los derechos humanos.
Entender el problema del trastorno antisocial solo desde la perspectiva de la psiquiatría no es viable; debe verse como un problema social real, donde la violencia feminicida misógina pueda y deba ser erradicada a través de modificaciones en las estructuras legales y sociales, propuestas por los movimientos feministas (Herrera, 2015).
Hibristofilia y criminología: cómo se perfila al agresor
Para comprender mejor el tipo de hombre que se describe en este ensayo, es necesario conocer una disciplina como es la criminología, una ciencia integral que estudia el comportamiento delictivo y la reacción social frente al mismo. La delincuencia y la conducta criminal se han constituido en materias que generan interés en un gran número de estudiosos, dada la complejidad de factores o posibles predictores asociados a su génesis (Jiménez, 2009).
Se logra identificar, por medio de la información analizada, que el criminal es aquella persona que ha cometido un delito grave o crimen. La criminología se apoya en otras disciplinas como la psicología, biología, sociología, derecho penal, antropología, entre otras, para encauzar las investigaciones y llegar así al esclarecimiento de los hechos. Por ejemplo, desde el paradigma psicoanalítico, el delincuente tiene un constante sentimiento de culpabilidad que lo lleva a desear ser castigado; este sentimiento edípico es producto del miedo, falta de amor y de atención en el establecimiento de relaciones, donde la necesidad de castigo agrede al yo.
Existen psicopatologías investigadas como la psicosis, la ciclotimia y la perversidad; la primera es un trastorno mental de mayor trascendencia en donde no hay coherencia entre el ambiente, la forma de actuar y de pensar; esta perturbación mental puede estar acompañada de angustia, agitación e incluso delirios.
La segunda, por su parte, está catalogada por cambios de mayor o menor actividad dando como resultado comportamientos extremos en cuanto a pesimismo y optimismo, generando tristeza, mal humor, pérdida de sentido de vida o, por el contrario, comportamientos desafiantes, excesos en el consumo de alcohol u otras sustancias, e incluso atentados violentos y sexuales; la tercera se manifiesta desde la niñez, en donde el menor no expone señales de empatía ante el dolor o el sufrimiento ajeno y reacciona de manera violenta ante cualquier ataque (Guerra, s.f.).
Perfil del criminal y atractivo percibido
Desde 1970, siguiendo a Maldonado (2011), el perfil criminal se ha determinado como una técnica de investigación manejada para solucionar casos difíciles, empleando datos de la escena del crimen para generar información acerca de los ofensores, disminuir el número de sospechosos y, a través de un trabajo interdisciplinario, conducir a la captura. Como componentes principales para el análisis del psicólogo, es indispensable identificar la necesidad que quiere satisfacer a través de sus actos. “El perfil criminal puede entenderse como una aproximación a las características de la historia y los estilos de vida de los autores de crímenes graves que se encuentran sin identificar” (Maldonado, 2011, p.116).
Uno de los grandes aportes del perfil criminal es que ha llevado a cabo la conceptualización del término “asesinos en serie”, lo cual permitió caracterizarlos en organizados y desorganizados; los primeros son aquellos que poseen un cociente intelectual normal o elevado, son crueles y planificados en su actuar y actúan con método; los desorganizados suelen mostrar peligrosas alteraciones mentales que se correlacionan con sus actos, no escogen a sus víctimas, actúan espontáneamente mostrando una carga de violencia más alta y el deterioro mental que padecen no les permite ocuparse de la escena del crimen (Maldonado, 2011).
Otra conceptualización son los delincuentes sexuales, con características de inseguridad, inmadurez, poca asertividad y baja capacidad empática; generalmente con trastornos de identidad y autoestima, con dificultad en la capacidad de establecer y mantener relaciones interpersonales debido a la distorsión para ajustarse a las normas, ignorando reglas sociales y siguiendo sus propios criterios (Jiménez, 2009). Estos perfiles tienden a atentar contra la sociedad, actúan con frialdad al cometer sus actos sin importar el bienestar de otros y su visión de libre albedrío les da libertad (Guerra, s. f.).
En el desarrollo del perfil criminal es necesario tener en cuenta elementos como la escena del crimen, que corresponde al lugar donde se realizaron los hechos; el perfil geográfico que describe los lugares posiblemente visitados por el delincuente, zonas de confianza y de influencia para así determinar dónde vive o su lugar de operación; el modus operandi y la firma que son las técnicas usadas al momento del crimen y que determinan las decisiones que tomó; estas características psicológicas lo pueden clasificar como planificador, perfeccionista, inteligente o descuidado, desorganizado, sádico; las metas del modus operandi son proteger la identidad, lograr el objetivo y huir (Maldonado, 2011).
Correspondencia con presos y comunidades en línea
Existen en la actualidad redes sociales, donde las personas privadas de la libertad registran sus perfiles para buscar mujeres, asesoramiento legal e incluso ayuda económica; pueden publicar su fotografía, datos personales, descripción de su personalidad, raza, religión, en qué prisión están cumpliendo la condena, qué delito han cometido y la fecha estimada de su libertad.
En los Estados Unidos se pueden encontrar páginas web desde el año 2000 como writeaprisioner.com y www.prisonpenpals.com. «Nuestro objetivo es sobrellevar la extrema soledad que sufren los presos» (El Espectador, 2010, párr. 3), por medio de estas páginas, los seguidores pueden enviar al prisionero de su gusto cartas, correos e incluso fotografías, las cuales son revisadas y entregadas de manera impresa por el personal de seguridad a los presos.
Casos famosos de hibristofilia
Ted Bundy: carisma, fans y atracción mediática
Diez (2019) escribe para BBC Mundo acerca de Theodore «Ted» Robert Cowell Bundy, ciudadano estadounidense, psicólogo y estudiante de derecho; fue reconocido como asesino serial por la muerte de al menos 36 mujeres en diferentes estados y condenado a muerte en la silla eléctrica en el año 1989. “Era buen mozo, exitoso, las mujeres lo encontraban muy atractivo, lo que explica que varias de sus víctimas lo siguieran sin conocerlo; le acompañaban hacia su auto y de esta manera las secuestraba y mataba”, le dijo a la BBC Scott Bonn, sociólogo y criminólogo de la Universidad de Drew en Nueva Jersey, EE.UU. (Diez, 2019, párr. 11).
Durante los juicios, Bundy recibía apoyo de grupos de fans compuestos por mujeres jóvenes que pedían su liberación, refiriéndose a él como agradable, encantador y elocuente. Debido al alcance e interés que ha despertado el caso en varios seguidores, la plataforma Netflix publica en su cuenta de Twitter: “He visto que se está hablando mucho de lo atractivo que era Ted Bundy y me gustaría recordarles a todos que hay literalmente miles de hombres atractivos ahí fuera, y casi ninguno es un asesino en serie condenado” (Diez, 2019, párr.13), mensaje tal vez diseñado bajo estrategia publicitaria o, por el contrario, enviando una alerta debido a los comentarios donde se evidencia que el personaje ha captado la atención de muchos, no por sus actos de violencia, asesinato y necrofilia sino por su atractivo y seductora actitud.
Charles Manson: culto, fama y admiración
Álvarez (2018) escribe para el medio en línea La Vanguardia, acerca de Charles Milles Manson y su historia. Manson nació el 12 de noviembre de 1934 en Ohio, Estados Unidos; fue hijo de Kathleen Maddox, trabajadora sexual, y criado por una tutora legal que lo educa en la rectitud y el misticismo. Después de dos matrimonios fallidos, dos hijos y varias estancias en la cárcel, decide en 1967 acumular una corte de seguidores a quienes denominó “la familia”.
Manson era el líder absoluto de la secta; se proclamaba el mesías, satán, el espíritu y el anticristo. La doctrina que practicaba era bastante extraña, debido a que se basaba en una nueva versión de la Biblia hecha por él mismo y como guía tenía la canción “Helter Skelter” de los Beatles, la cual, según Manson tenía un mensaje secreto para él, que le indicaba “degüella a esos cerdos”. Sus seguidores, “la familia”, cometían diferentes crímenes en su nombre, por lo que son condenados y llevados a prisión.
Estando Manson en la cárcel, recibe cartas de admiradores y adeptos a su doctrina en todo el mundo. La relación más popular fue la que sostuvo con Elaine Burton, conocida como “Star”, quien desde sus 19 años se convirtió en una seguidora de Manson; para estar más cerca de él, decide mudarse cerca a la cárcel en California, donde le visitaba dos veces por semana durante 7 años. En el año 2014, Star y Manson solicitan licencia para casarse, pero la boda se cancela debido a que descubre que la joven tiene un romance con uno de los integrantes de “la familia”, con quien planeaba exhibir en una urna de cristal el cuerpo de Manson después de muerto y así atraer a miles de seguidores (Alvarez, 2018).
Chris Watts: cartas, simpatía y romanticización del delito
En Colorado, Estados Unidos, se hizo popular en 2018 la historia de Chris Watts, un hombre que a los 33 años aparece en televisión hablando acerca de la desaparición de su esposa embarazada y sus dos hijas. Tras las investigaciones, se descubre que Watts fue el autor intelectual de la muerte de su familia; los cuerpos de sus hijas se encontraron en tanques de petróleo y el de su esposa embarazada en una fosa. Es condenado a tres cadenas perpetuas.
A pesar de la escalofriante historia, Watts empieza a recibir cartas de mujeres que desconoce, con mensajes acompañados de fotos de las remitentes que le dicen que lo han pensado mucho, que se sienten atraídas por él y que es un buen chico en el fondo. El periódico The Washington Post detalla que este tipo de situaciones son más comunes de lo que parece, debido a que los presos con este tipo de historias son bastante populares y reciben cartas continuamente de mujeres que expresan su admiración, gusto e interés hacia ellos (BBC Mundo, 2019).
Bonnie y Clyde: el mito del “síndrome de Bonnie y Clyde”
Bonnie Parker y Clyde Barrow son reconocidos mundialmente como la pareja de ladrones y enamorados de los años 30 en Estados Unidos (BBC Mundo, 2017). Se dice que Clyde mató a 10 personas, pero Bonnie nunca disparó un arma; todo lo hacía movida por el amor que sentía hacia su novio. A pesar de los actos punitivos que los caracterizaron en vida, su trágico final fue de igual impacto; al ser comparados con Romeo y Julieta, su historia fue llevada al cine y a la televisión en numerosas ocasiones.
Los jóvenes se conocieron en enero de 1930, cuando él tenía 20 años y ella 19 años. Bonnie se casó a los 16 años, pero su esposo la maltrataba; luego él entra en prisión por robo. Clyde comenzó su vida delictiva siendo muy joven y, acabando de salir de la cárcel, conoce a Bonnie. Se les tendió una trampa a los jóvenes, quienes fueron abatidos por la patrulla del capitán Frank A. Hamer, Ranger de Texas, el 23 de mayo de 1934, precisamente el día en que Clyde cumplía 25 años. Los policías dispararon toda la munición de sus escopetas, fusiles automáticos y pistolas. Los legendarios criminales murieron en el acto (BBC Mundo, 2017).
Bonnie es el primer ejemplo que se da de hibristofilia activa, ya que, como se explicó, se casó muy joven con un hombre, además de violento, activo en la vida delictiva y posteriormente se involucró con una banda y con un hombre delincuente, hasta el punto de enviarle cartas de amor cuando este se encontraba en prisión y, finalmente, se convirtió en cómplice de los crímenes, llevando una vida paralela como amantes inseparables.
Harley Quinn y Joker: ejemplo ficticio de dependencia
Una manera de ilustración para describir un caso de hibristofilia es la historia entre el “Joker” y la doctora Harleen Quinzel; muchos la describen como una historia de amor entre dos “locos”, pero si la analizamos más detenidamente, podemos encontrar que es una denominada “relación tóxica”, donde, para este caso, el Joker maltrata a su compañera de manera física, psicológica y verbal.
El Joker abofeteó, golpeó, humilló e incluso intentó matar a Harley Quinn en diferentes oportunidades, para ejercer control sobre ella y ser testigo de su propio poder; la razón por la que tiene tantas posibilidades de lastimarla es que ella le permite hacerlo (Philippová, 2017). La relación de Joker y Harley Quinn, muestra la sensación de bienestar en breves y escasos momentos; en contraposición, la mayoría del tiempo Joker utiliza la culpa, el sarcasmo y la burla para manipularla; daña su autoestima y su capacidad de decisión. Se pueden encontrar diferentes trastornos mentales para ambas partes, como la megalomanía, celos patológicos, dependencia o incluso la hibristofilia.
El presunto amor o atracción entre estos “locos” nace como lo nombra Crippa y Hallak (2012) de la novela gráfica Mad love de 1994 por Paul Dini y Bruce Timm (creadores de Batman: la serie animada), en ella cuenta que la psiquiatra llamada Harleen Quinzel trabajó en el asilo de Arkham, donde, como pasante, conoció al Joker como su paciente, realizó varias sesiones de psicoterapia, el Joker aprovechó para manipularla al contarle historias falsas sobre su dura infancia y su padre abusivo, ella se enamoró rápidamente y se unió indiscriminadamente a él ayudándole a escapar. Harley Quinn adoptó su nombre por una sugerencia del propio Joker para impresionarlo y “poner una sonrisa en su cara” (Philippová, 2017).
Para Shehadeh (2017), la hibristofilia puede describir a Harley Quinn, quien haría cualquier cosa por el Joker, incluso si eso significa vivir una vida de crimen. Sabourin (2016) reseña el perfil psicológico de la doctora Harleen Quinzel como transferencia delirante cuando se convenció a sí misma de que ella y el Joker estaban enamorados; también muestra un alto nivel de dependencia.
Es probable que Harley Quinn sufra de un trastorno límite de la personalidad, que es un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, y de una notable impulsividad (Florenzano & Guerrero, 2014). Para Philippová (2017), el Joker es perfectamente capaz de existir sin Harley; ella es como un juguete o un objetivo de interés no romántico; sin embargo, ella está dispuesta a hacer casi cualquier cosa por él porque no tiene autonomía.
Caso en Colombia: señales de riesgo y antecedentes
Un caso que generó gran impacto en Colombia fue el de Claudia Rodríguez, mujer que fue asesinada por su expareja Julio Alberto Reyes en el año 2017. Según lo expone la revista Semana (2017), esta mujer de 41 años de edad fue atacada por su expareja en el Centro Comercial Santafé en la óptica donde trabajaba; tras propinarle dos disparos, Reyes permaneció sobre el cuerpo inmóvil de la mujer durante el tiempo que la policía lograba entrar al lugar.
Claudia era víctima de golpizas, humillaciones y maltrato psicológico durante su relación de pareja, por lo cual ella tomó la medida de denunciarlo y a pesar de que su caso era tomado inicialmente como “discusión normal de pareja”, logró conseguir una medida de protección, la cual impedía que él tuviera algún tipo de acercamiento hacia ella.
Esta no era la primera vez que Julio Alberto Reyes quería acabar con la vida de alguien; ya tenía antecedentes por asesinato y por tal razón había sido encarcelado, un caso similar a lo ocurrido con Claudia Johana; pero en esta ocasión la víctima fue la esposa que tenía en ese momento, María Margarita Acosta, y su familia.
Reyes irrumpió de igual forma en un centro comercial y apuntó con un arma de fuego hacia su esposa, cuñados y amigos presentes en ese momento, ocasionando la muerte de dos de ellos y dejando a su esposa gravemente herida; después del encarcelamiento que tuvo por este homicidio, fue puesto en libertad por decisión del Juzgado 1 de ejecución de penas de Bogotá. Se afirma que Claudia Rodríguez y Julio Alberto Reyes tenían un hijo en común y ella lo conoció cuando él estaba en la cárcel, por tanto, sabía de sus antecedentes y no dio importancia a estos (Semana, 2017).
Hibristofilia: líneas de investigación
La hibristofilia es una parafilia de la cual se ha indagado poco; hasta hace apenas unas décadas se iniciaron algunas investigaciones para saber por qué a algunas mujeres les atraen los criminales. Para BBC Mundo (2017), una de las principales investigadoras de esta parafilia es Sheila Isenberg, quien en su libro “Mujeres que aman a hombres que matan”, publicado en el año 1991, indaga acerca de cuál es el verdadero origen de este sentimiento.
Dos de sus principales hallazgos son que las mujeres a las cuales les atraen este tipo de hombres, ven en ellos el lado bueno a pesar de sus diferentes actos de barbarie y daño a otras personas; el otro hallazgo es que a estas mujeres les atrae la fama, los hombres que cometen este tipo de crímenes por lo general son asediados por la prensa que quieren tener los detalles de primera mano para poder ofrecer esta información al público, esto es algo que las mujeres saben y por eso se relacionan con estos hombres, ya que sus nombres de igual forma ocuparán los primeros lugares en la prensa.
En su libro, Isenberg, citada por BBC Mundo (2017), habla de cómo estas mujeres defienden a sus novios criminales, excusándolos y asegurando que son inocentes y que sus actos no revelan la verdad y mucho menos la personalidad del individuo; afirman que sus actos se debieron al consumo de alguna sustancia o eventualidad que nada tiene que ver con los actos cometidos por estas personas, ni mucho menos reflejan lo que son realmente.
Concluye su libro asegurando que estas relaciones se pueden construir debido a una táctica que utilizan las mujeres para sentir que tienen el poder de alguna forma; ya que han sido golpeadas y abusadas física y emocionalmente, y el hecho de que su pareja se encuentre en la cárcel le da a las mujeres dominio y control porque para estos hombres es casi imposible cometer los mismos abusos en contra de ellas.
Conclusiones
La fascinación de las mujeres hacia los hombres que cometen delitos atroces va desde la admiración hasta la idolatría, para estas mujeres no es relevante lo siniestro del caso, para ellas lo más importante es que esa persona que resulta repugnante y despreciable para los demás, se fije en ellas; su excitación depende de estar con una persona que haya cometido crímenes inhumanos y crueles, llegando al punto de olvidarse de todo lo que les rodea: trabajo, familia, bienes materiales y todo su entorno; para dedicarse a la conquista de esos amores, los cuales aparentan ser inalcanzables.
Son pocas las investigaciones que se han realizado acerca de esta parafilia; sin embargo, existen algunas razones que se podrían tomar como patrones para determinar por qué algunas mujeres se sienten atraídas por hombres que han cometido crímenes atroces como violaciones y asesinatos crueles e inhumanos; podríamos hablar entonces del papel que desean jugar estas mujeres como salvadoras y protectoras de los hombres a los que la sociedad rechaza; ellas los ven como seres indefensos que, a pesar de lo que han hecho, merecen una oportunidad de ser amados.
Por otro lado, la excitación que produce el hecho de estar junto a un hombre que, debido a sus crímenes, la sociedad repudia, se convierte en un atractivo, el cual es casi imposible de rechazar.
Comparando el argumento aquí expuesto, con el libro de Sheila Isenberg “Mujeres que aman a hombres que matan”, encontramos posturas en común; sin embargo, nos interesa resaltar aquellas diferencias en cuanto al origen de la atracción. Para Isenberg, las mujeres que se sienten atraídas por criminales generalmente responden a conductas de maltrato que tuvieron durante su infancia, al igual que al rechazo, abandono y abuso. En este apartado se pudo evidenciar que la raíz de este comportamiento no solamente se basa en momentos específicos de la infancia, sino que tiene una razón de origen más psicológico, que es el perfil de personalidad dependiente.
Para dar respuesta a la pregunta principal formulada ¿Por qué algunas mujeres sienten atracción hacia hombres criminales? podemos argumentar que la razón es la dependencia emocional, la cual se exacerba cuando las mujeres sienten la falta de afecto ya sea por parte de la familia o su pareja, esta convicción de no poder conseguir emocionalmente compañía y protección, lleva a la mujer a inmiscuirse en relaciones donde la manipulación que ejerce la otra persona sobre ellas es vista dentro de los parámetros de lo normal, sin tener en cuenta las consecuencias que conlleva una relación disfuncional.
La mujer busca ante todo satisfacer los deseos de su pareja, olvidándose de ella misma y su seguridad, afectando así su autoestima; suelen tener una imagen negativa de sí mismas, lo que las hace sentirse inseguras; por tal motivo consideran como pareja a un hombre que les brinde seguridad y protección; el hecho de estar con un criminal les da la percepción de respeto y temor ante la sociedad.
La necesidad de estar con un hombre criminal las lleva a un punto extremo de sumisión, donde su objetivo es agradar al otro sin importar las razones. Debido a que estas mujeres se sienten invisibles ante el mundo, ven en este tipo de relaciones la oportunidad de ser vistas; generalmente, este tipo de hombres aparece en diferentes medios de comunicación y el estar junto a ellos les da popularidad. Muchas de estas relaciones están envueltas en casos de violencia; por tal motivo, cuando sus parejas están en la cárcel, estas mujeres pueden sentir seguridad al estar con ellos, pero a su vez alejadas del peligro.
La importancia de llevar a cabo investigaciones sobre este tipo de parafilia, de difícil identificación, podría evitar otros delitos como la violencia intrafamiliar, en donde hay daño en contra de las mujeres y miembros de la familia. En cuanto a las mujeres que pueden desarrollar estas parafilias, es relevante seguir llevando a cabo investigaciones de esta índole para generar una especie de alarma, no para evitar el contacto de las personas privadas de la libertad con sus familiares o redes de apoyo; pero sí para impedir que el daño que puedan causar se extienda.
Teniendo en cuenta que las mujeres conocen a su compañero o pareja en un contexto donde la violencia predomina y donde los sujetos desarrollan un discurso dirigido a convertirse en víctima del sistema penitenciario para generar lástima, es importante investigar y trabajar para resocializar a la persona privada de la libertad en el hecho punible.
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