La terapia asistida con perros ha cobrado relevancia a lo largo de la historia, al evidenciarse que los seres humanos crean vínculos con sujetos de otras especies; por ejemplo, en la relación entre un perro y una persona, se manifiestan diversas emociones que pueden aprovecharse en distintos campos de intervención, convirtiéndose en una herramienta para el desarrollo personal. A través de múltiples estudios científicos, se ha demostrado la utilidad de esta relación interespecie para abordar aspectos terapéuticos, fisiológicos, psicológicos y sociales en la vida de una persona, mostrando la diversidad de beneficios que este tipo de interacción puede generar. Por ello, resulta importante presentar la relación humano-animal y su impacto en lo emocional.
Historia y evolución de la terapia asistida con animales
Para entender su objetivo, es importante tener conocimiento de los campos en los que se ha aplicado esta terapia a través de la historia. En el siglo XVII en Europa, el caballo se convierte en un elemento en el tratamiento de personas con discapacidades físicas. En 1867 en Bethel, una institución en Bielefeld (Alemania) apodada “la institución sin muros”, comenzó las terapias con personas autistas y más tarde extendió sus tratamientos a enfermedades epilépticas (Navarro, 2019).
En 1944, en EE. UU., dentro del Hospital de las Fuerzas Aéreas del Ejército en Nueva York, los perros ayudaban en la recuperación a los convalecientes de la guerra. Posteriormente, en 1947, cerca de Nueva York, el Dr. Samuel B. Ross fundó la que sería la institución más prestigiosa que se dedicaba a la reeducación infantil y juvenil mediante terapias asistidas con animales. En 1953, Boris Levinson acuña por primera vez el término «Pet – Therapy«, después de que, durante una sesión de terapia con un niño con autismo, viera cómo su propio perro lograba llamar la atención del paciente hasta provocarle el deseo de interactuar (Monedero, Múnera & Vera, 2011).
En 1974, en el Centro Forense Oakwood (Ohio, EE. UU.), se crea el primer programa estructurado para relacionar animales con reclusos, donde se llegaron a registrar comportamientos menos violentos e incluso disminuyeron los intentos de suicidio. Monedero et al., (2011) exponen que en 1982 comienza en la prisión Purdy (EE. UU.) el primer programa de adiestramiento canino en una prisión y en 1983 se crea la organización escocesa PAT (Pets as Therapy), que ofrece visitas terapéuticas a hospitales, hogares y escuelas especiales, entre otros.
En 1970, fue fundado en Noruega el Centro Beitostölen por el músico invidente Erling Stördahl, quien, durante unas vacaciones de verano, mientras llevaba a cabo actividades al aire libre, como esquí y equitación, se percató de los beneficios del ejercicio físico y el alivio mental que este traía consigo. Se dio cuenta de cómo este tipo de actividades podrían beneficiar a personas en condición de discapacidad física y visual, por lo que comenzó a implementarlas en el centro como parte del tratamiento terapéutico; en dichas actividades se incluían perros y caballos, los cuales ayudaban a las personas durante la realización de actividades físicas y sociales, mejorando así su calidad de vida y su estado emocional (Monedero et al., 2011).
En esta misma época de los años 70, Samuel y Elizabeth Corson, impulsados por el trabajo de Levinson, empezaron un programa para evaluar la viabilidad de la terapia asistida con animales de compañía en un entorno hospitalario. Para ello, introdujeron perros en un hospital psiquiátrico donde había 50 pacientes que no respondían al tratamiento tradicional y obtuvieron excelentes resultados: observaron un aumento en la comunicación y la autoestima de los pacientes; también lograron que estos adquirieran independencia y capacidad para hacerse responsables del cuidado de los animales. Desde ese momento, los estudios y las investigaciones enfocadas a demostrar la efectividad de dicha terapia han aumentado de manera significativa (Martínez, Matilla & Todó, 2010).
Gómez, Atehortúa y Orozco (2007) exponen en su documento que existen numerosos estudios que han demostrado cómo las mascotas pueden influir de una manera positiva en la salud y en el bienestar de los humanos.
La terapia asistida con animales le proporciona al paciente situaciones de alegría, tranquilidad y optimismo; además, a través del vínculo que se produce entre la persona y el animal, se liberan endorfinas al poder acariciar a las mascotas, permitiendo que la persona se distraiga de su situación, como dolores o estado de depresión. Favorece la autoestima mediante la actividad, el ejercicio, la mejora del equilibrio; adquiere una mejor coordinación motriz, logrando reflejos más rápidos, mejora la autoconfianza y la autoestima y, además, disminuye los temores frente a situaciones que puedan resultar riesgosas.
Para entender la relación entre el humano y el perro, se debe tener clara su historia. Tal como se ha evidenciado a lo largo de esta, el lobo es el antepasado del que ahora es el perro doméstico, el cual ha evolucionado desde aproximadamente catorce mil años atrás. Esta evolución ha sido muy notoria desde el aspecto físico, el carácter y el comportamiento social en el animal individual.
Gómez et al. (2007) comparten que, con la evidencia recogida, el perro es un animal de manada, el cual desde su nacimiento interactúa con su madre y sus hermanos, pero cuando este es separado de ellos y es introducido a un ambiente distinto, donde será el acompañante de una persona, el perro trasladará su comportamiento social a su nueva “manada”. Este proceso ha ayudado a la buena relación y al fortalecimiento de la relación interespecie.
En relación con los estudios anteriores, el presente documento tiene como objetivo principal llegar a identificar cuáles son los efectos emocionales que se evidencian en las personas, particularmente mediante el trabajo realizado en la terapia asistida con perros.
Terapia asistida con perros: fundamentos y aplicaciones
Áreas de impacto: terapéutica, fisiológica y psicológica
Numerosos son los estudios que han demostrado cómo las mascotas influyen de manera positiva en la salud y en el bienestar de las personas. Las investigaciones científicas han clasificado estos efectos en cuatro áreas específicas: terapéuticas, fisiológicas, psicológicas y psicosociales
Gómez et al. (2007) afirman que en el área terapéutica se ha encontrado evidencia de la utilización de animales en tratamientos como terapia asistida motivacional o como terapia física. Tiene como objetivo principal introducir a un animal, de forma permanente o con una regularidad específica, en el entorno de una persona para que se establezca una unión afectiva.
En el área fisiológica, Gómez et al. (2007) reiteran que el poder tener una mascota se ve como un factor protector para las enfermedades cardiovasculares, el cual puede llegar a modificar varios factores de riesgo; estos pueden disminuir la presión arterial, reducir la frecuencia cardíaca, la ansiedad y el estrés por soledad. Los dueños de perros tienen una mayor actividad física en comparación con aquellos que no los poseen, y como consecuencia los primeros tienen en general una mejor salud, reflejándose en un menor número de consultas médicas.
En el área psicológica, la interacción con animales ayuda a centrar la atención, estimula la interacción social, mejora el sentido del humor, favorece el contacto físico, el juego y las demostraciones de afecto, tanto con la mascota como con otras personas. En este aspecto, se podría decir que este tipo de terapia se ve como un factor protector a nivel psicológico para las personas ante la soledad y la depresión. Esto también ayuda a la independencia, el sentido de valor y la motivación; incentiva también un estado afectivo positivo, un aumento de la autoestima y un sentido de logro.
En lo psicosocial, se ha visto una gran influencia de las mascotas en la vida comunitaria de las personas en los sitios públicos de la sociedad actual, ayudando a la interacción entre personas desconocidas al establecer un vínculo de confianza en las relaciones interpersonales y así tener una mayor participación en eventos sociales, como también la apropiación de parques y otras áreas recreativas que comparte la persona con su mascota (Gómez et al., 2007).
En los estudios de investigación, el tema de la diversidad de campos de atención poblacional a través de la intervención con animales es cada vez mayor. Desde hace algunos años se ha visto un aumento de las diferentes formas en que los animales se pueden utilizar terapéuticamente para la mejora en la salud física y emocional de los seres humanos. Martínez (2008) afirma que este tema ha incrementado y propiciado que se puedan encontrar entidades médicas y educativas que realizan este tipo de investigaciones y desarrollan terapias asistidas por animales.
Teniendo en cuenta lo anterior, se puede plantear de manera tentativa que esta terapia puede utilizarse con cualquier persona que presente diferentes tipos de necesidades. La Terapia Asistida con Animales (TAA) es una propuesta de intervención en diferentes campos de la salud; la utilización de un animal como herramienta terapéutica se da con el objetivo de mejorar las funciones cognitivas, físicas y emocionales de las personas (Espinosa & Espinosa, 2015).
Estos programas de intervención son enfocados y centrados en personas con problemas médicos específicos (enfermos de cáncer, SIDA, etc.), personas con deficiencia física sensorial (sordos, ciegos, sordo-ciegos), personas con deficiencia mental (síndrome de Down), personas con deficiencia motora (parálisis cerebral, espina bífida…), personas con trastornos del desarrollo (autismo), protocolos de tratamiento en personas discapacitadas, programas educativos para sectores que requieren ayuda especial, como población penitenciaria, ancianos, personas con problemas emocionales, niños de zonas urbanas deprimidas o niños con problemas de aprendizaje (Martínez, 2008).
En España se emplea la Terapia Asistida por Animales de Compañía (TAAC); este es un recurso dispuesto al manejo de situaciones de dependencia funcional, alteraciones psiquiátricas, trastornos de conducta y atención, dirigido a personas que presentan discapacidades y necesidades educativas especiales. En Estados Unidos y Europa cuentan con una larga experiencia y un número de asociaciones acerca del adiestramiento de animales, formación de voluntarios, programas de acompañamiento y visitas a hospitales, presidios, psiquiátricos, residencias y domicilios (Martínez, 2008).
Este tipo de intervención es de gran importancia para esas poblaciones, debido a que se han encontrado mayores cifras de entidades que trabajan para el cuidado y bienestar de los animales, junto a programas que van dirigidos a pacientes crónicos, terminales, psiquiátricos, parapléjicos, encamados, etc. La afirmación de Martínez (2008) argumenta que, a medida que pasa el tiempo, las entidades que se encargan de su cuidado han introducido a la sociedad diversas formas de trabajo con los animales, como terapia o asistencia, buscando así una forma de poder integrar favorablemente la vida del animal con el objetivo de ayudar a la sociedad.
Tipos de terapia asistida con animales
La TAA se ha comparado con el uso de animales como mascotas, ya que muchos de los usos terapéuticos son ampliaciones de todos los beneficios para la salud que son obtenidos por aquellos que poseen o presentan una relación cercana con animales de compañía.
En la historia de la literatura anglosajona, según Delta Society, se puede diferenciar dicha relación. En primer lugar se encuentra Animal Assisted Therapy (AAT); son intervenciones en las que un animal se incorpora como parte fundamental del proceso de tratamiento, con el fin de promover la mejoría en las funciones físicas, psicosociales o cognitivas de las personas que llegan a ser tratadas. Esta terapia es dirigida por un especialista del área de autismo, depresión o problemas de conducta (Martínez, 2008). En segundo lugar, existe Animal Facilitated Therapy (AFT), que es el uso terapéutico de los vínculos entre el hombre y los animales con el objetivo de mejorar la salud física y emocional del paciente que esté recibiendo este programa.
Para Martínez (2008), en tercer y último lugar, se encuentra Animal Assisted Activities (AAA), que es la intervención con animales sobre la motivación, por medio de actividades culturales y recreativas en las que se llegan a obtener beneficios que incrementan la calidad de vida de las personas tratadas. Esta actividad no está dirigida por un terapeuta, se realizan en ambientes diferentes, son ejecutadas por un entrenador especializado o un voluntario que tenga conocimiento sobre la interacción entre animales y humanos, un ejemplo claro de las personas a las que se les puede aplicar es a ancianos, niños institucionalizados, pacientes terminales, personas con discapacidad visual, discapacidad auditiva, discapacidad intelectual, discapacidad motora, amputaciones, Alzheimer, demencias, cáncer, SIDA, alteraciones emocionales, etc.
Esta terapia cambia su mecanismo de aplicación dependiendo del animal terapéutico con el que se vaya a trabajar: la dogoterapia (trabajo con perros) y la felinoterapia (trabajo con gatos), las cuales se pueden ejecutar en cualquier contexto; la equinoterapia (trabajo con caballos), que es necesario ejecutarla en espacios adecuados y específicos; finalmente, la delfinoterapia (trabajo con delfines), que esta requiere un lugar cálido y acuático para poder ejecutarla. Esta aplicación debe ser orientada y aplicada por profesionales que se encuentran en áreas como la psicología, la fisioterapia y la veterinaria.
Los animales de terapia son animales especialmente seleccionados, con unas aptitudes apropiadas y educados con unas habilidades específicas, necesarias para conseguir mantener el estímulo motivacional del animal durante toda la sesión terapéutica o educativa. El objetivo general durante la selección del perro de terapia es su bienestar; es por ello que en este proceso también intervienen etólogos y veterinarios (Ristol & Doménec, 2011).
Evidencia científica sobre los efectos emocionales
Para poder entender más las funciones que se realizan y la validez de la TAA, se encuentran diversos estudios realizados en el mundo que demuestran los beneficios que esta terapia genera en la vida de los seres humanos.
Entre los efectos bien documentados de la interacción humano-animal, se han evidenciado estudios en humanos de diferentes edades, con y sin condiciones médicas o de salud mental especiales, también se encuentran los beneficios para: atención social, comportamiento social, interacciones interpersonales y estado de ánimo; parámetros relacionados con el estrés, como frecuencia cardíaca y presión arterial; miedo y ansiedad auto-informados; salud mental y física, especialmente enfermedades cardiovasculares (Beetz, Uvnäs-Moberg, Julius & Kotrschal, 2012).
La interacción con animales influye en la interacción social entre humanos y factores como la confianza, la empatía, la agresión y un estado de ánimo positivo. En una investigación sobre los efectos de acariciar a un perro versus los efectos de leer, descansar y conversar, en 55 estudiantes adultos, se evidenció que la presión arterial bajaba en los estudiantes que habían participado cuando acariciaban a un perro en lugar de leer o conversar, haciéndose notorias las actitudes positivas hacia las mascotas (Tavera, & Orozco, 2016).
Kotrschal y Ortbauer llevaron a cabo una investigación sobre la observación de niños en el aula, primero sin perro, luego con un perro, en 24 niños de primer grado que principalmente eran inmigrantes; en esta investigación los resultados obtenidos fueron: mejoría en la asistencia escolar, más integración social, menos agresión y más atención hacia el maestro (Beetz et al., 2012).
En un estudio con 240 adultos y parejas casadas, sobre el efecto de la presencia de mascotas, amigos y cónyuges durante una situación estresante, se observó que las personas con mascotas tenían tanto la frecuencia cardíaca como la presión arterial más bajas al inicio del estudio, pero también se hicieron notorios los pequeños aumentos de presión arterial durante el estrés y una recuperación más rápida ante el mismo. La mayor reducción del estrés se presentaba en los dueños de mascotas cuando aquella estaba presente (Allen, Blascovich, Tomaka, & Kelsey, 1991).
Hart y Eddy (citado por Beetz et al., 2012), evidenciaron que la compañía de un perro de servicio promovía la atención social amigable, las sonrisas y las conversaciones de otros a personas que se encontraban en sillas de ruedas. Cole (citado por Beetz et al., 2012) escogió diferentes grupos en la visita con perro y visita sin perro, en una atención habitual a 76 adultos hospitalizados con insuficiencia cardíaca en el que se evidenció menor ansiedad, presión arterial más baja, así como niveles más bajos de epinefrina y noradrenalina (Beetz et al., 2012).
Una serie de estudios se realizaron sobre el efecto de la presencia de un perro en niños que realizaban diferentes tareas, con un grupo de niños con retraso del desarrollo y un grupo de niños con desarrollo normal. Estos grupos se desenvolvieron más rápido en la tarea de habilidad motora. La explicación de los autores es que podría deberse a que el perro sirvió como un motivador efectivo; la siguiente explicación es que la presencia del perro les generó una mayor relajación y reducción del estrés durante la ejecución de las tareas, lo cual aumentó la velocidad en el rendimiento de las mismas (Gee, Harris & Johnson, 2007).
En dos estudios que realizaron con un grupo de residentes de un centro para adultos mayores, se encontró que los programas de visitas de animales reducían los sentimientos de soledad en los residentes. En niños y adultos con problemas de salud física o mental, el contacto con los animales puede mejorar el estado de ánimo (Banks & Banks, 2002). Investigaciones de la Fundación Affinity también han documentado el impacto positivo del vínculo humano-animal en la reducción de la soledad y el fortalecimiento emocional.
En un programa de TAA de 10 semanas en pacientes con esquizofrenia crónica, se logró evidenciar la mejoría en el estado de ánimo en comparación con un grupo sin TAA. Por otro lado, los niños con trastornos psiquiátricos mostraron un mejor equilibrio intra-emocional después de una sola sesión de terapia con un perro (Barel, Feldman, Berger, Modai & Silver, 2005).
Gueguen y Cicotti investigaron la influencia de la presencia o ausencia de un perro en interacción social, ayuda y comportamiento de coqueteo, donde se evidenció la fácil interacción que se presenta en las personas cuando se está en presencia de un perro. Esta investigación indica un efecto socio-positivo de los perros sobre la confianza y el comportamiento prosocial en los humanos; en ellos aumenta el potencial de promover la interacción social en niños y adultos que presenten o no problemas de salud mental (Gutiérrez, Granados, Piar, 2007).
También se han encontrado efectos en la reducción del miedo, la ansiedad y la promoción de la calma ante un estresor. Shiloh et al. (citados por Beetz et al., 2012) llevaron a cabo un estudio donde en primer lugar se les mostró a los participantes una araña (tarántula) viva y se indicó que se les podría pedir que la sostuvieran más adelante.
Los participantes fueron asignados aleatoriamente a cinco grupos, y se les indicó que acariciaran a un conejo vivo, una tortuga viva, un conejo de juguete o una tortuga de juguete o que simplemente descansaran. Solo acariciar a un animal vivo, pero no a un animal de juguete, redujo la ansiedad provocada al sostener a una tarántula (Beetz et al., 2012).
Hay experiencias notables de la terapia asistida por animales en Lima State Hospital for the Criminally Insane, en Ohio (USA), el primer programa estructurado para relacionar a los prisioneros con animales en un centro de máxima seguridad, el cual acoge a hombres que muestran especialmente signos de depresión, enfermedad mental y tendencias suicidas. Fue un programa generado por un episodio donde un paciente había encontrado un pájaro herido en el patio de la prisión.
En esa época no se permitían pájaros ni plantas en el centro, así que los internos entraron el pájaro a escondidas y lo instalaron en el armario de las escobas. Los pacientes adoptaron al pájaro y encontraron insectos para alimentarlo. Por primera vez, los internos empezaron a comportarse como un grupo y a poderse relacionar bien con el personal del centro. A partir de ese momento se generaron normas para proteger el bienestar de los animales en algunas prisiones (Martínez, 2009).
En un estudio se introdujo 175 animales en un pabellón, en el que se incluyen animales como cabras, patos, ciervos, y conejos que vivían en corrales a las afueras de cada pabellón; estos eran cuidados por los residentes de los pabellones. Seis de diez pabellones participaron en el programa, siendo excluidos los pabellones donde se encontraban hombres con historiales de violencia y asaltos.
El hospital de Lima llevó a cabo un estudio a lo largo de un año en el que comparó dos pabellones con 28 pacientes cada uno. La única diferencia en el tratamiento, es que un pabellón tenía animales de compañía y el otro no. Durante un año, el pabellón sin animales tuvo 12 peleas y 3 intentos de suicidio, mientras que el pabellón que incluía animales de compañía tuvo una pelea y ningún intento de suicidio.
En los resultados obtenidos de este estudio, se logró evidenciar la reducción de violencia y los pacientes solo necesitaron la mitad de la medicación que anteriormente tomaban. Los internos protegieron a sus mascotas en momentos de inestabilidad, al comprender que sus peces o sus pájaros corrían peligro en momentos de disputas entre los reos (Beetz et al., 2012).
En las experiencias recogidas sobre la terapia asistida por animales de compañía en una correccional, Martínez (2009) expone que en una escuela MacLaren, en Oregón (USA), se realizó el “proyecto chucho”. Este programa comenzó en 1993, donde se alojaban 500 jóvenes delincuentes de Oregón. El programa consiste en poder trasladar a la correccional, perros abandonados que, de no ser recogidos, serían sacrificados. A este centro son llevados para posteriormente ser adiestrados por los internos y luego poder ser adoptados por familias de sectores aledaños.
En este programa, cada uno de los internos que realizaron el refuerzo positivo y moldeamiento de la conducta del perro aprendió a ser responsable, paciente, y empezaron a dominar sus explosiones de ira. También se vio mejoría en la autoestima de los jóvenes y el apoyo emocional; se redujo la agresión, mejoró la toma de decisiones, la capacidad de trabajar en equipo y las habilidades vocacionales.
En el centro Quatre Camins en Barcelona se llevó a cabo un trabajo de estudio en el que hicieron parte dos perros de razas bóxer. Los perros se pusieron a cargo de un grupo de 34 internos de la Unidad de Atención Especial, en la sección especial de rehabilitación de toxicómanos, con el fin de trabajar la autoestima, debido a las recaídas que produce la adicción a las drogas.
La pareja de perros estaba conformada por un macho y una hembra con el fin de que estos se pudieran reproducir, esto con el objetivo de que los internos fueran testigos de la gestación y pudieran vivir también el nacimiento de los cachorros, lo que generó en los presos una nueva esperanza, produciendo con ello un ambiente general más positivo, este estudio arrojó resultados muy alentadores, debido a que se demostró que los animales son un recurso ideal para las personas que tienden a tener perfiles difíciles (Martínez, 2009).
Importancia de la educación emocional en la intervención terapéutica
Para poder hablar de emociones desde una postura crítica y objetiva, se deben tener en cuenta diferentes teorías que se han realizado a lo largo de la historia de la psicología, ya que dicho concepto tiene un sinnúmero de características que en gran medida involucra aspectos subjetivos. Barragán y Morales (2014) afirman que las emociones cuentan con múltiples facetas, lo que implica factores cognitivos, sociales y comportamentales.
En las teorías sobre la emoción, Goleman sugiere que todas las emociones son impulsos en los que se halla una tendencia a la acción; por otro lado, Lazarus argumenta que las emociones son reacciones ante el estado de nuestros objetivos adaptativos y en los que participa la valoración cognitiva; finalmente, Parkinson propone a la sociedad y cultura como componente crucial en la comprensión de las emociones (Barragán & Morales, 2014).
De las primeras aproximaciones para entender el estudio de la emoción, se logran encontrar cuatro elementos que la constituyen; en primer lugar está la presencia de cambios fisiológicos, este explica que cada emoción tiene su propia reacción en el que se puede encontrar cambios en el sistema nervioso autónomo (ej. el aumento del ritmo cardiaco, enrojecimiento en la piel de la cara o el erizamiento del vello), cambios en el sistema central (ej. activación o inhibición de estructuras neuronales determinadas) y cambios en la secreción hormonal (ej. epinefrina y norepinefrina – adrenalina y noradrenalina) (Fernández, García, Jiménez, Martin & Domínguez, 2010).
El siguiente elemento es la tendencia a la acción o afrontamiento, la cual incluye acciones como la agresión, evitación, curiosidad o posturas corporales determinadas. Otro elemento está asociado con la experiencia subjetiva de la emoción o sentimiento; esto se refiere a lo que se puede experimentar cuando las personas se sienten irritadas, ansiosas u orgullosas; y por último lugar, se encuentra a la emoción como un sistema de análisis y procesamiento de información (Fernández et al., 2010).
Se puede comprender la emoción como uno de los procesos psicológicos básicos en el ser humano; existen diversos autores que afirman que la emoción se manifiesta mediante la activación fisiológica, la conducta expresiva y los sentimientos subjetivos. Las emociones se pueden categorizar como procesos episódicos generados por la presencia de algún estímulo o situación interna o externa que puede traer consigo un tipo de desequilibrio en el organismo, el cual puede originar una serie de cambios o respuestas subjetivas, cognitivas, fisiológicas o motoras expresivas (Palmero, Fernández & Martínez, 2002).
La emoción es una manera muy concreta de afecto que también incluye el sentimiento, el cual constituye la experiencia subjetiva de la emoción y aunque este se puede presentar con una menor duración que el humor, se convierte en el foco de la relación de la persona con el ambiente; esto supone una relación sujeto-objeto. La causa de la emoción se caracteriza por el tiempo, es decir, que esta se genera en el momento presente (Palmero et al., 2002).
Por otro lado, Palmero et al. (2002) reafirman que las emociones cumplen con distintas funciones; en primer lugar, se encuentran las funciones intrapersonales, donde la emoción coordina los sistemas de respuestas subjetivas, fisiológicas, conductuales y también manipula la jerarquía de la conducta.
En segundo lugar, las funciones extrapersonales que permiten comunicar y controlar los gestos, la voz, la postura, también establecen la estructura y la posición en relación a los demás y sus ideas. Se podría decir que las emociones motivan y permiten comunicar de manera verbal y no verbal cuando la emoción se experimenta. Un ejemplo claro podría ser cuando una persona acaricia a un animal. Esta conducta aporta como función intrapersonal a la disminución de estrés y ansiedad; también aporta al cambio del ritmo cardíaco, aumento de oxitocina y, en lo extrapersonal, esto se verá reflejado en una postura más relajada en la persona.
Según el autor García (2017), las emociones pueden generarse como respuesta a un acontecimiento externo o interno. En una emoción hay tres componentes: neurofisiológico, conductual y cognitivo. En primer lugar, se encuentra el neurofisiológico, el cual hace referencia a los cambios fisiológicos experimentados como respuesta involuntaria del organismo; se manifiesta en el sistema nervioso autónomo y en el sistema endocrino.
El sujeto no puede controlar algunos efectos físicos, los cuales pueden ser taquicardia, sudoración, vasoconstricción, hipertensión, tono muscular, rubor, sequedad en la boca, cambios en los neurotransmisores, secreciones hormonales, respiración, etc. Cuando se trata de emociones muy intensas, estas respuestas pueden provocar problemas de salud tales como hipertensión, úlceras, etc. De ahí la necesidad de prevenir tales efectos nocivos mediante una adecuada educación, ya que, aunque se trate de respuestas involuntarias, estas se pueden prevenir mediante la práctica de técnicas adecuadas, como la relajación.
El segundo componente, el comportamental o conductual, es el que permite interpretar qué tipo de emoción se está experimentando. No suele ser fácil de controlar, aunque puede lograrse regular conscientemente las expresiones faciales ante la persona que nos observa; en el lenguaje no verbal, el tono de voz, volumen, ritmo, movimientos del cuerpo, etc. Y finalmente, el tercer componente, es el cognitivo o vivencia subjetiva, el llamado sentimiento. Es la sensación consciente del estado corporal que se experimenta con la emoción. Se trata de la experiencia subjetiva del estado de felicidad, tristeza, enfado, entre otras (García, 2017).
Los cambios emocionales forman parte del desarrollo humano y estos se presentan en diversas etapas de la vida. Sin embargo, una de las etapas de mayor presencia es en la adolescencia, una fase crucial y de gran cambio en el ser humano, ya que en ella se establece la identidad, la competencia social, el ajuste emocional y la resiliencia psicológica.
El factor emocional significa la capacidad de poder sentir, desarrollar y manifestar las emociones. Esta capacidad de experimentar el mundo emocional trae consigo tanto emociones positivas como negativas, de tal manera que el adolescente puede sentir tristeza, alegría, miedo, ansiedad, estrés, entre otras. Sin embargo, esta capacidad de experimentar diversas emociones puede afectar la vida social y personal del adolescente debido a la dificultad para manejarlas adecuadamente (Jiménez, Hernández & Ramírez, 2012).
Terapia asistida con perros en adolescentes
Se llevó a cabo una investigación sobre la terapia asistida con perros en el tratamiento del manejo de las emociones en adolescentes; fueron 15 participantes adolescentes, entre ellos 12 mujeres y 3 hombres, en el momento de la ejecución. El taller consistió en actividades diseñadas para aprender el manejo de las emociones, a través de la interacción con el perro en cada sesión.
Las actividades fueron las siguientes: en primer lugar se realizó el reconocimiento de las emociones básicas de alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa; en segundo lugar se realizó la expresión de las emociones básicas; en tercer lugar se trabajó con los componentes de las emociones (percepción, comprensión y regulación); en cuarto lugar, la identificación correcta de las emociones en diversas situaciones futuras; en quinto lugar, el entendimiento sobre los pensamientos negativos y reestructuración cognitiva; en sexto lugar, se introdujo el concepto de empatía y toma de decisiones.
El hallazgo principal de este estudio fue el aumento y mejoría en los puntajes de los componentes de las emociones, la atención emocional, la capacidad de empatía, su autoestima, y sentimientos de soledad. La adolescencia es un periodo estresante, confuso y difícil, en el cual no todos los adolescentes llegan a comprender los cambios físicos, cognitivos y emocionales que ocurren exactamente en ese periodo de su vida. Con ayuda de intervención de TAA estos problemas emocionales de los adolescentes pueden trabajarse, debido a que la interacción con los animales resulta ser un factor positivo y de motivación para que los adolescentes puedan disponer de nuevas formas de vinculación con otras personas (Jiménez et al., 2012).
Discusión
Los fundamentos de la terapia asistida por animales (TAA) se basan en la interacción y la buena relación de humano-animal, los cuales son hasta ahora comprendidos y entendidos en la historia. Esa relación se convierte en un lazo muy fuerte para las dos especies; esto hace parte de la historia evolutiva, en donde el ambiente natural juega un rol importante en la supervivencia y ha ayudado a dar forma a las diversas corrientes del desarrollo humano.
Esta relación en común con los animales ha permitido observar una asociación entre los animales, la salud y el bienestar, específicamente la interacción entre el ser humano y el perro (que ha llegado a durar por lo menos 10.000 años), la cual con el paso del tiempo se convirtió en una relación de beneficio (utilidad como herramienta terapéutica) y altamente significativa (la emoción influye constantemente en los beneficios de esta terapia).
Según la Asociación Internacional de Interacciones Humano-Animal (IAHAIO), estas intervenciones deben basarse en estándares éticos y evidencia científica.
La TAA se ha aplicado con diferentes grupos de edad, de género, de condición social, de patologías y en diversas partes del mundo. También utiliza distintos tipos y razas de animales, en función de quiénes sean los usuarios, el entorno y la estructura del programa donde se realizará.
Un factor de confusión en muchos estudios sobre las interacciones entre mascotas y humanos, es que la mascota puede actuar como un catalizador para la socialización o las interacciones humano-humano. En el estudio de Banks y Banks (2002) se pudo evidenciar que el beneficio central fue la disminución de soledad que presentaban los usuarios que pertenecían a un centro para adultos mayores, fortaleciendo así el vínculo humano-animal y la interacción humano-humano. Como este estudio y los anteriormente ya plasmados, se observa que la interacción humano-animal ayuda en gran parte a la vida social y al incremento positivo en la vida diaria de cada ser humano.
A través de las investigaciones se puede concluir que la TAA tiene una gran línea de investigación a lo largo de la historia y en todo el mundo, generando así que este tipo de terapias sea reconocida y se pueda utilizar en diferentes poblaciones.
La evidencia existente y anteriormente expuesta en este documento se inclina notoriamente hacia el potencial de las interacciones con los animales, teniendo en cuenta toda una serie de circunstancias y posibilidades que se establecen de ella. La implementación de diversos programas de TAA de compañía puede despertar en los usuarios que participan en ella sentimientos de afecto, de cariño, de solidaridad, además de facilitar la adquisición de hábitos como la paciencia, la tolerancia, la comprensión y la responsabilidad.
En la interacción con los animales se practican habilidades donde se desarrolla la empatía, el sentimiento de éxito ante una tarea, el aumento de la autoestima y el autocontrol. Se encontraron cambios en el componente de atención emocional, el cual se refiere a la capacidad de expresar y sentir las emociones de forma precisa, es decir, a la habilidad de percibir las emociones.
Lo que se ha observado con respecto a las emociones es que los adolescentes se sienten más cómodos hablando con los perros, ya que el perro acepta de forma incondicional, no juzga, es un catalizador para la enseñanza y el aprendizaje, además de un distractor de los problemas.
Pero a pesar de que se ha evidenciado notoriamente que la TAA es una terapia alternativa viable por los beneficios que esta genera en la vida humana, no se pueden dejar de lado las críticas de las que ha hecho parte, por fundaciones que están en pro de los animales y afirman que el animal se ha dejado de lado en este tipo de intervención, olvidando que también son seres sintientes que pueden pasar por estrés, ansiedad y demás.
Para la Fundación El hogar Animal Sanctuary, legalmente constituida en el año 2007 en Madrid (España), cuyo propósito es la concientización sobre temas de abandono, maltrato animal, esterilización, conjunto al trabajo de rescate y gestión de adopciones, una verdad desagradable sobre las TAA, es que se ha vuelto una alternativa cruel debido a que estos animales deben ser sometidos a sesiones de entrenamiento en habilidades antinaturales en el que se fomenta la obediencia total de los animales (El hogar animal sanctuary, 2007).
En el caso de la caninoterapia o dogoterapia; los perros deben pasar por un adiestramiento estricto en el que se les restringe muchas de sus conductas naturales, como el olfatear con libertad, esto quiere decir que el animal debe reprimir su instinto e ignorar su espacio vital, los perros deben afrontar conductas no tan agradables para ellos, un ejemplo claro es que la persona (sin importar su rango de edad) lo manipula físicamente sin que el animal pueda hacer un mal gesto o una reacción aversiva (El hogar animal sanctuary, 2007).
El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, utilizaba a los gatos en sus consultas con el objetivo de poder tranquilizar a sus pacientes y que ellos pudieran abrirse emocionalmente con el terapeuta. La crítica que recibe es que el gato debe estar situado en el regazo del paciente, permitiendo que este lo acaricie hasta saciar su necesidad. En la gatoterapia o felinoterapia, el gato debe estar en esa posición incluso si él no lo quisiera, pues son entrenados para que sean realmente sumisos ante la situación.
Una vista diferente que se puede atribuir a ciertas críticas que se han generado de la TAA, es que en el mundo actual se pueden encontrar estudios estadísticos realizados sobre el bienestar de los animales. Diariamente y a lo largo de nuestras vidas sin importar que edad tengamos, hemos experimentado el estado de abandono en el que se encuentran muchos caninos, a través de muestreos realizados en diferentes partes del mundo se conocen con claridad las causas de esos abandonos, encontramos abandonos en cachorros por reproducciones no deseadas (este fenómeno está relacionado con la alta población de hembras y la escasa cantidad de éstas que están esterilizadas).
Otra de sus causas se debe a la agresividad en ellos, esta es originada por el abandono que sufren muchos de los perros, la ignorancia, la falta de espacio, la educación que los dueños proporcionan a sus mascotas y en algunas ocasiones se produce por los viajes y los pocos recursos para poder pagar un cuidador o viajar con la mascota, cada causa ya nombrada genera una vida de sufrimientos en el animal, ya que no podrían acceder a una buena y constante alimentación, traería para la vida del animal la adquisición de enfermedades, y la soledad que esta conlleva (Guerra, et al., 2007).
Se podría decir con la evidencia ya planteada que hoy en día la TAA es un método de intervención terapéutico que poco a poco va ganando fuerza en todo el mundo; en esta se incluye a los animales como co-terapeutas dentro de tratamientos tanto psicológicos como físicos, interviniendo el animal como un facilitador y motivador de la misma. Gracias a la relación humano animal que se llega a generar entre el paciente y la presencia del animal, se puede llegar a romper cualquier tipo de barrera que se forma con el terapeuta (Tavera, & Orozco, 2016).
Han existido varios estudios que han investigado el papel socializador de las mascotas o los animales de asistencia y de terapia. En ellos se ha logrado encontrar que las personas que están acompañadas por animales son abordadas frecuentemente por otras personas, conocidas y desconocidas; esto se evidencia con halagos hacia sus mascotas o curiosidad por ellas, lo cual en la mayoría de los casos da pie para iniciar una conversación entre las personas. También se ha observado que cuando un perro está presente en un grupo, las personas tienden a conversar y reír más, a ser más sociables. La compañía de una mascota promueve interacciones sociales positivas y afectivas (Gutiérrez et al., 2007).
Con lo anteriormente expuesto podríamos tomar más conciencia de la TAA, y la vida de los perros en ella, ya que esto puede ser una alternativa beneficiaria tanto para ellos como para los humanos, dado que al ser un animal de terapia encontraría la oportunidad de tener una vida más positiva e interactuar con las personas de una manera más agradable, olvidando la idea de que quizás un perro que alguna vez estuvo en un hogar y fue abandonado o que por siguiente nace en las calles, ya no tenga que pasar por dicho sufrimiento que implica el abandono.
Se puede concluir que la TAA es importante para el manejo interpersonal de las personas, logrando así el buen desarrollo en la interacción con los demás, pero además que los efectos emocionales de la terapia asistida con animales son un factor importante y crucial de esta terapia, ya que se ha logrado plasmar la importancia del conocimiento, comprensión y manejo de emociones en la vida de una persona. Esta terapia ayudará a las generaciones a poder llevar de una manera positiva cada cambio que se genere en la vida emocional, física y mental con el acompañamiento de este tipo de terapia e incluso a personas que simplemente tengan en su vida una mascota.
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